Conocimientos de griego: san Agustín

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Cuando me adentré en el estudio de las competencias de Agustín en cuanto al griego clásico y común, la narrativa predominante era que a partir del siglo III se evidenció un declive en la competencia del griego en Italia y el norte de África.Sin embargo, también pude encontrar defensores de narrativa que  extienden este periodo de declive hasta la mitad del siglo IV. Ambas narrativas presentan argumentos sumamente persuasivos. Sin embargo, más allá de la adhesión a una u otra, es innegable que, en el contexto de las comunidades del norte de África durante el tiempo de Agustín, ya no se experimentaba el mismo nivel de familiaridad con el griego como había sido previamente, pero también, es innegable que el aprendizaje de esta lengua aún formaba parte del currículo escolar. Entendiendo este contexto general, exploremos la cuestión particular de las competencias de san Agustín del griego.

Perspectivas divergentes: Ilustración de las fuentes secundarias

Cuando nos adentramos en la literatura académica sobre esta cuestión, lo primero que llama nuestra atención son las opiniones encontradas que van desde la sugerencia de una completa falta de conocimiento hasta la afirmación de un dominio sólido, por ejemplo, mencionare algunas fuentes secundarias. Courcelle1 argumenta que las habilidades en griego evolucionaron desde una competencia deficiente hasta un nivel decente a partir del año 400, varios académicos prominentes sostienen esta noción de mejora en habilidades, entre ellos Marrouu, O’Donnell, Lamberigts, van Fleteren y Burton, a quienes tengo en alta estima. Sin embargo, esta afirmación se ha cuestionado razonablemente por Mutzenbecher2. Por otro lado, Solignac3 adopta la postura de afirmar que Agustín siempre tuvo un conocimiento suficiente del griego, comparable al latín de un estudiante avanzado de clásicas. Menos indulgentes son Brown4, Pollman5 y Cameron6 que enfatizaban la competencia rudimentaria de Agustín en el idioma griego. No obstante, si consideramos, las contribuciones de Angus7, Clausen8, Reuter9, Becker10 y Altaner11, encontramos una exhaustiva lista de pasajes donde Agustín hace uso del texto griego, con el análisis de los mismos, por lo que asumiremos unas competencias sólidas. Aunado a esto se debe destacar que Robert D. Sider12 nos recuerda que uno de los primeros en señalar la deficiencia en el griego de Agustín fue Erasmo, quien en ocasiones fundamentó sus interpretaciones de la semántica de un término griego en la autoridad de Agustín.

En una contribución más reciente, Rebekka Schirner ha categorizado los usos del griego en la obra de Agustín de manera más exhaustiva que otros investigadores:«Aparte de los pasajes en los que Agustín utiliza palabras griegas (a menudo técnicas) o las latiniza (lo que puede atribuirse simplemente al conocimiento escolar), su referencia al texto griego sirve, entre otras cosas, para evaluar las traducciones latinas disponibles, a veces también para elaborar su propia traducción, que ilustra la estructura griega (probablemente para aquellos que no conocen el idioma) o resalta sutiles matices de significado, e incluso para explicar formulaciones y construcciones latinas ambiguas o llamativas. También se ha demostrado su habilidad para resaltar sutiles matices semánticos de palabras griegas o asignar palabras griegas casi sinónimas a sus equivalentes latinos, realizando así una especie de traducción inversa. Es notable además que Agustín casi nunca cita frases completas en griego, sino que generalmente menciona solo la palabra en cuestión; sin embargo, incluso en la discusión de variantes latinas, el nivel de palabras o incluso de morfemas es significativo. Además, los pasajes de “In Ioannis Evangelium Tractatus” 3,8 y “Epistulae” 71,6 sugieren una lectura exhaustiva de los Evangelios en griego, después de la cual Agustín incluso se atrevió a evaluar la traducción o revisión correspondiente de Jerónimo. Para el Antiguo Testamento (o al menos para el Pentateuco), debido a la introducción de las Quaestiones in Heptateuchum, también se puede asumir que Agustín había realizado una lectura exhaustiva del texto bíblico griego. Sin embargo, se lamenta frecuentemente la incorrecta citación de palabras latinas o interpretaciones complicadas debido a la falta de consulta del texto griego; también se hace referencia a veces a errores en cuanto a la etimología griega, referencias gramaticales u otras formas de traducción. Sin embargo, tales hallazgos no pueden empañar la imagen general de que el Padre de la Iglesia, cuando recurre al texto griego, es capaz de realizar consideraciones lingüísticas específicas y sutiles, que a veces también se trasladan a expresiones de lenguaje común o incluso a enunciados de filosofía del lenguaje con un cierto grado de pretensión didáctica.»13 .

AVGVSTINVS

Tanto lectores ocasionales como académicos no especialistas en la obra Agustinina podrían tener la tendencia a resaltar las autodeclaraciones que observamos en conf. 1,23,donde Agustín se queja de las dificultades que enfrentó al aprender griego cuando era joven, así como de los problemas generales que conlleva aprender un idioma extranjero; también menciona lo mucho que odiaba ese idioma.También en c. litt. Pet. 2,91, donde afirma haberse ocupado apenas de la lengua griega, aunque luego ofrece una etimología correcta del adjetivo «católico», y en trin. 3,1 menciona como motivación para escribir la obra la escasez o dificultad para encontrar tratados sobre el tema en latín, y en este contexto menciona que su conocimiento de griego no era suficiente para leer obras pertinentes en dicho idioma.Sin embargo, estas expresiones de modestia sobre su dominio del griego no necesariamente ofrecen una evaluación precisa de sus habilidades lingüísticas reales.

En contraste, una de las grandes sorpresas al avanzar en la lectura de obras como Enarrationes in Psalmos, Locutiones y Quaestiones in Heptateuchum, De consensu evangelistarum e In Iohannis evangelium tractatus es percatarse de la cantidad abrumadora de veces en que Agustín, en su práctica real, acude al griego o analiza variantes textuales, siendo consecuente con sus propios principios expresados en De doctrina christiana. Y si bien los casos en esas obras se deben a la naturaleza propia de las mismas, no deja de ser maravilloso observar cómo, en algunos casos, hay resultados plausibles para nosotros hoy en día, y aún más, añadir sus continuas críticas a las versiones latinas disponibles en su tiempo, lo que implica cierto conocimiento, por lo menos un poco más que básico.

Conclusión

Si bien es cierto que la evaluación de las competencias en griego común y clásico siempre dependerá de los criterios que se quieran aplicar, resulta razonable, conforme a lo ilustrado en este artículo, tener una visión moderada donde se sitúe a san Agustín con un conocimiento destacado bajo su contexto, moderado en comparación con otros Padres de la Iglesia expertos y medianamente aceptable en comparación con eruditos modernos. Está muy lejos de ser un erudito a seguir en griego debido a sus continuas fallas, pero también está lejos de ser alguien que carece del griego en su caja de herramientas, dada la presencia de varios y no pocos aciertos en su obra.


  1. Pierre Courcelle, Les Lettres Grecques en Occident, de Macrobe à Cassiodore (París: 1948), 139–142. ↩︎
  2. Almuth Mutzenbecher, Sancti Aurelii Augustini De diversis quaestionibus octoginta tribus, De octo dulcitii quaestionibus, ed. Almuth Mutzenbecher (Aurelii Augustini opera XIII,2. Corpus Christianorum, Series Latina. 44 A, Turnhout: Brepols, 1975), XLVIIf. ↩︎
  3. A. Solignac, “Introduction” y “Notes complémentaires” BA 13, p. 662. ↩︎
  4. Peter Brown, Augustine of Hippo: A Biography (Los Angeles/Berkeley: 2000), 24. ↩︎
  5. Karla Pollmann, Aurelius Augustinus. Die christliche Bildung (De doctrina christiana), traducido, anotado y con epílogo por Karla Pollmann (Stuttgart: 2002), s.225. ↩︎
  6. Michael Cameron, “Augustine and Scripture,” in A Companion to Augustine, editado por Mark Vessey (Blackwell Companions to the Ancient World; Chichester: 2012), 201. ↩︎
  7. Samuel Angus, The Sources of theFirst Ten Books of St. Augustine’s De Civitate Dei (Princeton: Princeton UniversityPress, 1906), 243–273. ↩︎
  8. Henrik Nicolai Clausen, Aurelius Augustinus Hipponensis Sacrae Scripturae Interpres (Hauniae: 1827), 30–40. ↩︎
  9. Hermann Reuter, Augustinische Studien (Gotha: 1887), 170–181. ↩︎
  10. Hans Becker, Augustin. Studienzuseinergeistigen Entwicklung (Leipzig: 1908), 120–138. ↩︎
  11. Berthold Altaner, Augustinusund die griechische Sprache, en: Kleinepatristische Schriften, editado por G. Glockmann (Berlin: 1967), 129–153. ↩︎
  12. Robert D. Sider, Erasmo, Enciclopedia San Agustín a Través del Tiempo (Editorial Monte Carmelo, 2001), 488-489. ↩︎
  13. Rebekka Schirner,. Inspice diligenter codices: Philologische Studienzu Augustins Umgangmit Bibelhandschriftenund -übersetzungen. (Berlin, München, Boston: De Gruyter, 2015) p. 603-605. ↩︎

Una respuesta a «Conocimientos de griego: san Agustín»

  1. Avatar de Raúl Amado

    Un execelente artículo. Muchas gracias por esta publicación.