San Agustín y Jueces 11:29-40

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El comentario agustiniano sobre el voto de Jefté y la inmolación de su hija, se puede dividir de la siguiente forma: (1) el estado de la cuestión y las disquisiciones; (2) el sentido alegórico, y (3) la disquisición final. En el presente escrito ilustraré su comentario1 en función de la división que he propuesto y concluiré con un juicio valorativo de su interpretación.

Jueces 11:29-40

El espíritu de Yahveh vino sobre Jefté, que recorrió Galaad y Manasés, pasó por Mispá de Galaad y de Mispá de Galaad pasó donde los ammonitas. Y Jefté hizo un voto a Yahveh: «Si entregas en mis manos a los ammonitas, el primero que salga de las puertas de mi casa a mi encuentro cuando vuelva victorioso de los ammonitas, será para Yahveh y lo ofreceré en holocausto». Jefté pasó donde los ammonitas para atacarlos, y Yahveh los puso en sus manos. Los derrotó desde Aroer hasta cerca de Minnit (veinte ciudades) y hasta Abel Keramim. Fue grandísima derrota y los ammonitas fueron humillados delante de los israelitas. Cuando Jefté volvió a Mispá, a su casa, he aquí que su hija salía a su encuentro bailando al son de las panderetas. Era su única hija; fuera de ella no tenía ni hijo ni hija. Al verla, rasgó sus vestiduras y gritó: «¡Ay, hija mía! ¡Me has destrozado! ¿Habías de ser tú la causa de mi desgracia? Abrí la boca ante Yahveh y no puedo volverme atrás». Ella le respondió: «Padre mío, has abierto tu boca ante Yahveh, haz conmigo lo que salió de tu boca, ya que Yahveh te ha concedido vengarte de tus enemigos los ammonitas». Después dijo a su padre: «Que se me conceda esta gracia: déjame dos meses para ir a vagar por las montañas y llorar con mis compañeras mi virginidad». El le dijo: «Vete». Y la dejó marchar dos meses. Ella se fue con sus compañeras y estuvo llorando su virginidad por los montes. Al cabo de los dos meses, volvió donde su padre y él cumplió en ella el voto que había hecho. La joven no había conocido varón. Y se hizo costumbre en Israel de año en año las hijas de Israel van a lamentarse cuatro días al año por la hija de Jefté el galaadita2.

Interpretación agustiniana

Agustín comenzará su interpretación de esta forma: «Sobre el sacrificio de la hija de Jefté, ofrecida por su padre en holocausto a Dios, suele presentarse un gran problema, dificilísimo de resolver».

El estado de la cuestión y las disquisiciones

Agustín expone de forma magistral el estado de la cuestión tal como se presentaba en su tiempo. Él recibe la cuestión de sus antepasados, que ya entonces era un «gran problema, dificilísimo de resolver», y distingue dos interpretaciones comunes de su tiempo; por un lado, aquella de los cristianos ortodoxos «que quieren saber qué significa este hecho y buscan piadosamente una solución», y, por otro lado, aquella de los maniqueos y otros herejes «que se oponen con absurda impiedad a estas santas Escrituras». En cuanto a estos últimos «el problema está en que aducen como principal acusación contra ellas el hecho de que el Dios de la ley y de los profetas se haya complacido hasta en sacrificios humanos». Esta interpretación la refuta de varias maneras. Sin embargo, la manera que más resalta es su presentación de diversos textos bíblicos (e.g., Deuteronomio 12:29-31) con los que demuestra que Dios no se complace en sacrificio humanos, sino que, por el contrario, los prohíbe.

Agustín realiza una serie de pasos previos para entender correctamente el texto, los cuales son: (1) En primer lugar, observa la forma en que la Sagrada Escritura presenta la cuestión. De ahí que diga que «parece que la Escritura no ha emitido ningún juicio sobre este voto y sobre este hecho (…) sino que únicamente lo ha dejado escrito para que lo juzguen los lectores (…) para que nuestra razón se ejercite en el juicio». (2) En segundo lugar, considera Levítico 11:29 y Hebreos 11: 32-31 como testimonios para proceder con cautela. Él dice: «Estos testimonios nos impulsan a buscar la razón de por qué sucedió lo que sucedió, mas bien que a reprobar fácilmente lo sucedido». (3) En tercer lugar, compara a Abraham y Jefté, pues, al parecer, quiere descartar cualquier interpretación que tome las acciones de Abraham y Jefté como completamente similares. Él explica: «Hay, pues, una diferencia entre lo que hizo Jefté y lo que hizo Abraham, porque Abraham ofreció a su hijo en virtud de un mandato, mientras que Jefté hizo lo que prohibía la ley y no era impuesto por ningún mandato especial (…) Abraham tenía motivo para creer que no debía perdonar la vida de su hijo porque Dios se lo había mandado (…) Jefté, en cambio, sin que Dios se lo mandara ni se lo pidiera, y en contra de un legitimo mandato suyo, hizo espontáneamente el voto de ofrecer un sacrificio humano». (4) En cuarto lugar, Agustín, por la forma en que se formula el voto, da por sentado que la materia de este es una persona, por lo que se opone a la interpretación de Orígenes y otros. Él afirma: «Con estas palabras no hizo voto alguno de ofrecer un animal (…) porque ni es habitual, ni lo fue, que (…) se les presentaran ganados en el camino (…) Jefté no pensaría en los perros(…) sin duda alguna, con estas palabras, no pensó en otra cosa más que en un ser humano». (5) Por último, Agustín reconoce que ciertamente Dios lo ayudó en la guerra y lo inspiró a ser agradecido mediante un voto. No obstante, la materia del voto de Jefté fue imprudente, por lo que Dios lo castigó y Jefté, aunque con dolor, fue obediente y aceptó el castigo. Como expresa Agustín: «Comprendió mejor que Dios es vengador y se sometió fielmente a la pena justa (…) Jefté creía también que el alma de su hija, buena y virgen, sería bien recibida».

El sentido alegórico

Luego de presentar de forma bastante solida su pensamientos sobre la cuestión junto con sus soluciones, Agustín decide indagar el sentido alegórico del texto: Él comenta: «Ahora voy a investigar y a exponer brevemente (…) lo que el espíritu del Señor ha querido prefigurar en esta acción por medio de Jefté, o sin saberlo él, o sabiéndolo, o por su imprudencia, o por su obediencia, o por su ofensa, o por su fe». Las alegorías agustinianas suelen ser ingeniosas, aunque algunas enraizadas en los textos bíblicos y otras no. En este caso su alegoría no tiene raíz en el texto bíblico; no obstante, es parcialmente ingeniosa en ciertos lugares: «¿No es verdad que Dios no quiso que se hiciera esto y que no quedara sin castigo, para que nadie en adelante se atreviera a hacerlo y pare prefigurar, mediante su providencia, el misterio de la Iglesia, y por eso mismo que aconteció? Pues bien, de ambas cosas se deriva la profecía: por lo que pensó al hacer voto, y por lo que sucedió cuando no lo quería».

La disquisición final

Agustín, casi al final de su disquisición, comenta sobre Jueces 11:40: «Según la exactitud histórica, pienso que los israelitas no decretaron esto más que porque entendían que en este asunto se había producido el juicio de Dios para castigar al padre, a fin de que nadie se atreviera en lo sucesivo a ofrecer un sacrificio como éste. Pues ¿porqué habría que establecer un tiempo de luto y lamentación, si aquel voto fue un voto de alegría?». Sobre esto, Olegario García de la Fuente3, comenta: «Agustín está en lo cierto al hacer esta última pregunta, es decir, que el recuerdo del luto y de las lamentaciones de las jóvenes de Israel, que indicaba el aniversario de la inmolación de la hija de Jefté, son una condenación de aquella acción, producto de una conciencia equivocada. También está en lo cierto cuando sostiene la realidad del holocausto de la joven. En la Edad Media, algunos empezaron a sostener que Jefté sólo habría condenado a su hija al celibato perpetuo, afirmación que va en contra de todo el sentido del relato».

Conclusión

El comentario agustiniano sobre Jueces 11:29-40 está entre los mejores producidos por el periodo patrístico y ha sido considerado y utilizado por exegetas a lo largo del tiempo4 hasta la actualidad. Su alegoría tendrá pocas cosas para roer sobre el texto en cuestión, pero brinda muchos datos para evaluar el cumplimiento de sus principios de interpretación bíblica presentados en su obra Sobre la Doctrina Cristiana, y permite entender su pensamiento de modo general. Finalmente, la cuestiones, tal como las presenta Agustín, no difieren de la cuestiones que se discurren sobre el texto en la actualidad. Su interpretación es plausible, y, de hecho, es la interpretación clásica propuesta como ortodoxa.

Notas:

  1. Agustín, Cuestiones sobre el Heptateuco 7, 49 (BAC 28). Toda las citas agustinianas fueron tomadas de aquí.
  2. Versión Cantera-Iglesias.
  3. Editor de la obras de San Agustín (BAC 28).
  4. Véase los comentarios de Jueces recomendados por Travis Fentiman, graduado en Greenville Presbyterian Theological Seminary y servidor de la Free Church of Scotland (Continuing).