¿Creía Agustín en la inmaculada concepción de María?

Introducción

La doctrina de la inmaculada concepción fue promulgada por el papa Pío IX en la conocida epístola Ineffabilis Deus. En la sección de definición de esta epístola se explica esta doctrina de la siguiente manera:

Para honra de la Santísima Trinidad, para la alegría de la Iglesia católica, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, con la de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra: Definimos, afirmamos y pronunciamos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios Omnipotente, en atención a los méritos de Cristo-Jesús, Salvador del género humano, ha sido revelada por Dios y por tanto debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles (8 de diciembre de 1854 — Pío IX PP.).

Curiosamente, un pasaje agustiniano tuvo acogida entre las notas de esta epístola papal. El pasaje es el siguiente:

Exceptuando, pues, a la santa Virgen María, acerca de la cual, por el honor debido a nuestro Señor, cuando se trata de pecados, no quiero mover absolutamente ninguna cuestión (porque sabemos que a ella le fue conferida más gracia para vencer por todos sus flancos al pecado, pues mereció concebir y dar a luz al que nos consta que no tuvo pecado alguno); exceptuando, digo, a esta Virgen, si pudiésemos reunir a todos aquellos santos y santas cuando vivían sobre la tierra y preguntarles si estaban exentos de todo pecado, ¿cómo pensamos que habían de responder? ¿Lo que dice Pelagio o lo que enseña San Juan? Decidme: cualquiera que haya sido la excelencia de su santidad, en caso de poderles preguntar, ¿no hubieran respondido al unísono: Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos y la verdad está ausente de nosotros? 1.

Este pasaje desde entonces ha sido usado por Roma para decir que Agustín sostuvo una forma temprana de la doctrina de la inmaculada concepción. En el presente artículo me propondré mostrar que Agustín en este pasaje no tiene en mente dicha doctrina. Sin embargo, se debe reconocer que el pasaje citado es complejo y que ha sido objeto de discusión por parte de los agustinólogos. Hay al menos dos interpretaciones entre ellos, como en un momento se mostrará.

Contexto

Antes de considerar ambas interpretaciones, primero hay que considerar el contexto del pasaje. Este se encuentra en una refutación a Pelagio y es precedido por una lista suya de personajes piadosos de las Sagradas Escrituras. Agustín presenta esta lista de Pelagio:

Abel, Enoc, Melquisedec, Abrahán, Isaac, Jacob, Jesús Nave, Finées, Samuel, Natán, Elías, José, Elíseo, Maqueas, Daniel, Ananias, Azarias, Misael, Ezequiel, Mardoqueo, Simeón, José, esposo de la Virgen María; Juan. Añade también algunas mujeres, como Débora, Ana, madre de Samuel; Judit, Ester, Ana, hija de Fanuel; Isabel y la misma madre de nuestro Señor y Salvador, de la que dice: ‘La piedad exige que la confesemos exenta de pecado2.

Según Pelagio, estos personajes «no solo no pecaron, sino que vivieron en la justicia»3. El argumento de Pelagio contra Agustín es que «a lo menos» estos personajes vivieron sin pecado; es decir, sin pecados actuales o personales. A esta lista Pelagio añade a María, la madre del Señor, de la que dice: «La piedad exige que la confesemos exenta de pecado». En este contexto Agustín responde con el controversial pasaje ya citado.

Analicemos ahora las dos interpretaciones posibles entre los agustinólogos de la respuesta de Agustín a Pelagio.

Primera interpretación

Según una interpretación, defendida por ejemplo, por el agustinólogo Francisco Moriones4, Agustín aquí estaría afirmando que María estuvo exenta de «pecados personales»; es decir, de pecados propios cometidos durante su vida. Agustín entonces diría que todos los personajes de la lista, exceptuando a María, cometieron pecado. Por lo tanto, Agustín estaría de acuerdo con la afirmación de Pelagio de que «la piedad exige que la confesemos [a María] exenta de pecado». En otras palabras, Agustín cedería ante Pelagio, al menos en el caso de María. Agustín no cedería únicamente en el caso de los demás personajes bíblicos. De esta interpretación, Moriones concluye que Agustín también creía que María estuvo exenta del pecado original, ya que el obispo de Hipona afirmaba que «solamente quien no haya tenido pecado original, puede pasar la vida sin cometer pecados personales». Esto lo afirma Agustín de Cristo cuando escribe: «Si en la niñez hubiera tenido pecado, lo cometería en la edad adulta»5. Agustín, entonces, veía una relación entre el pecado original y el pecado personal. En este sentido, si María no tuvo ningún pecado personal, sería lógico concluir, de acuerdo con la relación agustiniana entre pecado original y personal, que ella tampoco tuvo pecado original.

Segunda interpretación

Otra interpretación, defendida, por ejemplo, por el agustinólogo Daniel E. Doyle, es la siguiente: «Agustín no concede nunca que María no tuviera pecado, pero prefiere pasar por alto la cuestión»6. Según esta interpretación, cuando Agustín exceptúa a María de la lista, no está concediendo que no tuviera pecados, sino que está evitando el tema. Esto parece quedar más claro cuando se consideran otras traducciones del pasaje:

(1) Dejemos, pues, a un lado a la santa virgen María. A causa del honor que debemos al Señor, yo no quiero suscitar aquí cuestiones acerca de ella, cuando estamos hablando de los pecados (De nat. et gr. 36. 42).

(2) Exceptuando, por tanto, a la santa Virgen María, sobre la cual, por el honor debido a nuestro Señor, no quiero tener ninguna discusión, cuando se trata de pecados (De nat. et gr. 36. 42)7.

Según esta interpretación, Agustín evitaría hablar de María por una razón que él mismo ofrece: «El honor que debemos al señor». Es decir, Agustín preferiría guardar silencio, ya que, por respeto y amor al Señor, se cuidaba de hablar de su madre cuando se trataba de pecados. Personalmente, me quedo con esta segunda interpretación. No solo porque su lectura del pasaje es más natural, sino también porque está en armonía con la teología del pecado de Agustín, como se mostrará a continuación.

Solo Cristo nació sin pecado

El mismo Francisco Moriones reconoce que «es verdad que San Agustín afirma frecuentemente que solamente Jesucristo fue inmune del pecado original, debido a su concepción virginal». Por ejemplo, Agustín dice:

Solo nació sin pecado aquel a quien engendró la virgen sin concurso de varón8.

Agustín enfatizó con firmeza que solo Cristo estuvo exento del pecado original. Considere el tono de Agustín en estas palabras:

No se te ocurra pensar que hay un alma, excepción hecha de la del Mediador, que no hereda de Adán el pecado original, adquirido por generación, del que ha de librarse por la regeneración9.

Para Agustín, solo Cristo nació sin el pecado original transmitido desde Adán. Decir que Agustín afirmó que María estuvo exenta de este pecado sería contradecir su doctrina del pecado original. En este caso, es mejor aferrarse a los pasajes claros, en los que Agustín dice que solo Cristo estuvo exento del pecado original, que especular sobre los pasajes oscuros. Esto debería frustrar cualquier intento de interpretar el primer pasaje citado como un testimonio agustiniano de la «inmaculada concepción».

Solo Cristo vivió sin pecado

Como ya se dijo, si en el pasaje en cuestión Agustín está afirmando que María vivió sin pecados personales, la conclusión lógica sería que ella también nació sin el pecado original. Esto se debe a la relación que Agustín, en su teología del pecado, establece entre el pecado original y el pecado personal: «Si [Cristo] en la niñez hubiera tenido pecado, lo cometería en la edad adulta». Sin embargo, esta conclusión en cuanto a María contradiría, como ya se ha mostrado, las afirmaciones claras de Agustín de que solo Cristo nació sin pecado original. Por lo tanto, también debe descartarse la interpretación de que Agustín afirma que María vivió sin pecados personales. Solo Cristo fue concebido inmaculadamente y, por consiguiente, solo Cristo vivió sin pecados personales.

Conclusión

De acuerdo con la segunda interpretación, que se ha demostrado hace mayor justicia a la teología del pecado de Agustín, podemos concluir que este Doctor de la Iglesia no creía en la «concepción inmaculada» de María. Ahora bien, esto no significa que Agustín creyera que María era una simple pecadora. Él reconocía que, por la gracia de Dios, ella era virgen y santa. No obstante, él también reconocía que ella era humana: «María era, ciertamente, del género humano; era virgen, pero humana; santa, pero humana»10.


Notas:

  1. De la naturaleza y de la gracia 36.42 (BAC).
  2. Ibid.
  3. Ibid 36, 41.
  4. Esta la hace en su Teología de san Agustín (BAC, 2011).
  5. Réplica a Juliano V 15, 57.
  6. Diccionario de San Agustín: San Agustin a través del tiempo, ed. Allan Fitzgerald (Monte Carmelo, 2006), p. 853
  7. El pensamiento de San Agustín para el hombre de hoy, vol. 1, ed. Oroz Galindo (EDICEP, 1998).
  8. De pecc. mer. I, 29, 57. Citado por Moriones.
  9. Carta a Optato 202A, 8.20.
  10. Sermón 265 D 7.

— Fin del Artículo, Pax.

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