El lenguaje sacramental – Ulrico Zuinglio

En su controversia eucarística con los romanistas, el reformador Ulrico Zuinglio (1484-1531) tuvo que abordar la cuestión de si la eucaristía es una ofrenda y sacrificio de Cristo. Por supuesto, Zuinglio, como buen protestante, negaba rotundamente que Cristo fuese realmente ofrecido o sacrificado en la eucaristía, ya que «él murió una sola vez y para siempre, y, por consiguiente, no puede morir nuevamente, como el apóstol enseña verdadera e innegablemente en las epístolas a los Romanos y Hebreos»1. Y: «Ningún hombre puede ofrecer a Cristo, y mucho menos los papistas».

Luego de Zuinglio probar estas cosas por la Escritura (especialmente de Hebreos), pasa a enfrentar una última cuestión en relación con este tema: por qué los antiguos Padres llamaron a la eucaristía una ofrenda y sacrificio:

Dado que los antiguos teólogos, que bebieron y trataron la religión cristiana con mayor pureza y sencillez, muy a menudo llamaban a la eucaristía una ofrenda (porque la palabra ‘Misa’ no se escuchó hasta después de la época de Agustín), alguien podría plantear la objeción: «¿Por qué, entonces, la llamaron una ofrenda si no es realmente una ofrenda?»; especialmente porque, a juicio de todos, ellos [los Padres] hablaron de forma más sabia y directa que los escritores posteriores.

Zuinglio, en lugar de apelar a la ‘solo Scriptura’ y abandonar la discusión2, procede a explicar la razón por la que los Padres hablaron de esta manera, la cual se encuentra en lo que ha sido llamado el lenguaje sacramental. Pero ¿qué es este lenguaje? Zuinglio dice que es llamar a los signos «por los nombres de las cosas que ellos significan, a pesar de que ellos no son estas cosas»3. Es decir, es dar al signo el nombre de la cosa significada4. Este lenguaje sacramental lo vemos en la Escritura, como cuando «el cordero que fue comido en la Cena fue llamado la Pascua, aunque este solo significaba la pascua». Zuinglio tiene en mente la cena en el aposento alto entre el Señor y sus discípulos. San Lucas, al introducir el relato de la cena, se refiere al cordero como «el cordero de la pascua» (22:7); pero luego, al citar al Señor, se refiere al mismo cordero como «la pascua» (22:8, 11, 15). Para Zuinglio esto es un caso de lenguaje sacramental, en el que al signo (el cordero) se da el nombre de la cosa significada (la pascua); no siendo la «pascua» aquí el mero rito, sino la liberación divina de Israel de los egipcios5. De esta manera, dice Zuinglio, la eucaristía fue llamada ofrenda y sacrificio por los Padres:

Así también la eucaristía fue sabia y religiosamente llamada una ofrenda por los antiguos, no porque fuese una, sino porque significaba aquella ofrenda en la que Cristo, ofreciéndose a sí mismo en esa sola ofrenda, hizo perfectos y redimió para siempre a los que han sido santificados.

Los Padres, entonces, mediante el lenguaje sacramental, aplicaron al signo (la eucaristía) el nombre de la cosa significada (la ofrenda y el sacrificio real de Cristo). Si de modo ordinario la llamaban ofrenda y sacrificio, este lenguaje era la razón, y no una absurda creencia en un sacrificio real de Cristo durante la celebración eucarística. De hecho, Zuinglio está tomando la idea del lenguaje sacramental de los mismos Padres, y específicamente de Agustín, «el pilar de los teólogos» como él le llama. Para probar que no es un invento suyo, Zuinglio cita una de las cartas agustinianas a Bonifacio, en la que Agustín expresa lo siguiente sobre los sacramentos:

Según nuestro modo frecuente de hablar, solemos decir, cuando se acerca la Pascua: «Mañana o pasado mañana será la pasión del Señor». Pero el Señor ha padecido muchos años ha y la pasión no ha tenido lugar sino una vez. En el mismo día del domingo decimos: «Hoy resucitó el Señor», aunque han pasado ya hartos años desde que resucitó. Nadie es tan necio que nos eche en cara la mentira cuando hablamos así. Nombramos tales días por su semejanza con aquellos otros en que tuvieron lugar los acontecimientos citados. Decimos que es el mismo día, aunque no es el mismo, sino otro semejante a él en el girar de las edades. Así también, cuando nos referimos a la celebración del sacramento del altar, decimos que en ese día acontece lo que no acontece en ese día, sino que aconteció antaño. Cristo fue inmolado una sola vez en persona y es inmolado no sólo en las solemnidades de la Pascua, sino también cada día entre los pueblos, en dicho sacramento. Por eso no miente quien contesta que es inmolado ahora, cuando se lo preguntan. Los sacramentos no serían en absoluto sacramentos si no tuviesen ciertas semejanzas con aquellas realidades de que son sacramentos. Por esa semejanza reciben, por lo regular, el nombre de las mismas realidades. Así como a su modo peculiar el sacramento del cuerpo de Cristo es el cuerpo de Cristo, y el sacramento de la sangre de Cristo es la sangre de Cristo, así también el sacramento de la fe es la fe.

Carta 98, 9 (BAC).

Esta es una de las declaraciones más claras de Agustín con respecto al lenguaje sacramental, y, como se puede observar, está en conformidad con lo que Zuinglio ya ha explicado (o, más bien, Zuinglio está en conformidad con lo explicado por Agustín). Luego de citar estas palabras, Zuinglio concluye de esta manera:

De estas palabras de Agustín su majestad6 fácilmente discierne que la eucaristía es llamada un sacrificio u ofrenda exactamente como se llama a la pasión y resurrección del Señor, cuyos días, dado que significan y traen a la mente las cosas reales que una vez tuvieron lugar, reciben los nombres de esas cosas. Por lo tanto, queda establecido que los papistas están completamente errados cuando hacen a la misa o eucaristía una ofrenda real, puesto que es solo la semejanza y conmemoración de una ofrenda.

En el caso visto en este artículo, el lenguaje sacramental ayudó a los reformadores a explicar por qué los Padres llamaron ofrenda y sacrificio a la eucaristía7. Del mismo modo, el lenguaje sacramental puede ayudarnos hoy a entender algunas de las declaraciones sorprendentes de los Padres en relación con la eucaristía, que a los oídos de un principiante protestante en patrística suenan como pronunciadas por el mismo papa. Aunque Zuinglio no lo dice, creo que de su misma justificación a los Padres nosotros hoy podemos justificar este lenguaje. Es lícito llamar sacrificio al memorial del sacrificio real de Cristo, ya que el memorial y lo que se recuerda tienen un vínculo sacramental que trasciende incluso el tiempo.

  1. Una exposición breve y clara de la fe cristiana (1531), Apéndice. Tomado de la edición inglesa A Short and Clear Exposition of the Christian Faith. vol. 2 en The Latin Works and Correspondence of Huldreich Zwingli (Heidelberg Press: Filadelfia, 1929), p. 279-282. Ed. Samuel Macauley Jackson y Clarence Nevin Heller. La traducción es mía.
  2. Nótese el sarcasmo. Con respecto a una mala comprensión de la sola Scriptura, véase Lo que Sola Scriptura no es.
  3. Una definición más exacta es que el lenguaje sacramental es atribuir al signo lo que es propio de la cosa significada. Aquí Zuinglio solo trata una forma en que este lenguaje se expresa, que es cuando al signo se atribuye el nombre de la cosa significada. Para ver otra forma de este lenguaje sacramental, véase el siguiente artículo: Sí, el bautismo salva.
  4. Para ver qué es signo y cosa significada, véase Las raíces agustinianas de la Reforma (4): la definición de sacramento.
  5. «Cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro?, vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas» Éxodo 12:26,27, RVR1960.
  6. El rey de Francia
  7. El lenguaje sacramental fue un elemento esencial de la sacramentología reformada. Afirmo que fue esencial porque ayudó a los reformados explicar, por ejemplo, el significado correcto de las controvertidas palabras «esto es mi cuerpo», en el contexto de la controversia con los transubstancialistas y consubstancialistas.

— Fin del Artículo, Pax.

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