San Agustín, ¿un continuista o un cesacionista?

Agustín ha sido usado por cesacionistas y continuistas modernos como un testimonio positivo de sus propias posiciones. Sin embargo, la postura de Agustín no encaja en ninguna de estas dos posturas modernas. De hecho, él no tuvo una postura fija sobre los milagros, sino que esta sufrió cambios, como señala el agustinólogo Pío de Luis1:

Uno de los cambios que ha de anotar Agustín a la hora de escribir las Revisiones (I, 13, 7) tiene por objeto los milagros.

El pasaje de las Revisiones (o Retractaciones) es el siguiente:

Igualmente lo que he dicho: «No quiso Dios que se prolongasen aquellos milagros hasta nuestro tiempo para que el alma no se aferrase siempre a las cosas visibles, y el género humano no se entibiase por la costumbre de ver aquello que por su novedad despertó tanto su entusiasmo», esto es verdad, porque hasta ahora, cuando se imponen las manos a los bautizados, no reciben el Espíritu Santo de manera que hablen las lenguas de todos los pueblos, ni, hasta ahora, los enfermos se curan al pasar la sombra de los predicadores de Cristo; y está claro que entonces se hicieron aquellos prodigios que han cesado después.

Las Retractaciones, lib. I, 13, 7.

En este pasaje de la Revisiones Agustín reconoce que lo que había dicho en su obra De la Verdadera Religión sigue siendo verdad en cuanto a los milagros apostólicos. Estos habían «cesado» y no se veían ya en su tiempo. Sin embargo, este Agustín maduro de las Revisiones no es del todo escéptico con respecto a otro tipo de milagros. Continúa diciendo:

Pero no ha de entenderse lo que he dicho de tal manera que ahora se crea que ya no se hacen más milagros en el nombre de Cristo. Pues yo mismo conocí que un ciego fue curado en la misma ciudad de Milán ante los cuerpos de los Mártires Mediolanenses. Y otros muchos en calidad y número son realizados en nuestros días, tales, que ni podemos conocer todos ni contar los que conocemos.

Ibid.

Como explica Pío de Luis, en los primeros años Agustín creía que todos los milagros eran algo del pasado. Sin embargo, en sus últimos años cambió esta postura y admitió que ciertos milagros aún ocurrían. La razón del cambio la explica el mismo Pío de Luis:

En el año 415 acontece algo inesperado. Llegan al África las reliquias del mártir San Esteban y con ellas un sinfín de prodigios. Las curaciones se hacen numerosísimas. Agustín participa del entusiasmo del pueblo y lamenta su anterior escepticismo frente a los milagros.

Entonces, ¿creía Agustín que los milagros habían cesado? Al final la respuesta depende de qué tipos de milagros hablamos. Si preguntamos sobre milagros como los de los apóstoles, la respuesta es que Agustín creía que estos habían cesado. En cambio, si preguntamos sobre milagros de reliquias como los que él mismo presenció, la respuesta es que creía que no habían cesado. Con respecto a estos últimos, Agustín creía que aún ocurrían en nombre de Cristo «tanto por los sacramentos como por las oraciones o las reliquias de sus santos»2. Como ejemplos, Agustín cuenta casos de personas que fueron sanadas de alguna enfermedad durante el bautismo o ante la presencia de las reliquias de los mártires3.

De esto es obvio que Agustín no fue ni un cesacionista ni un continuista en el sentido moderno. Tampoco estaría completamente en el bando de los cesacionistas o continuistas. Con los primeros acordaría en cuanto a la cesación de los milagros apostólicos, pero diferiría en cuanto a la continuidad de milagros a través de las reliquias de mártires. Con los segundos acordaría en cuanto a la continuidad de milagros, pero diferiría en cuanto al modo de esos milagros.

Su postura sobre los milagros fue diferente a cualquiera que nosotros pudiéramos sostener, ya que vivió en un periodo diferente de la iglesia. Este era un periodo en el que el evangelio había sido predicado por el mundo y no había ya necesidad de aquellos milagros apostólicos, pero también era un periodo donde se incrementaban las nuevas experiencias milagrosas a través de reliquias. Agustín, como un hombre de su tiempo, simplemente respondió y reaccionó frente a esas circunstancias. Si estamos de acuerdo o no con él es otra cosa, pero ese no es el propósito de este artículo.

Si a alguien le sorprende que Agustín creyera en los milagros a través de huesos de mártires, se debe recordar que los huesos de Eliseo resucitaron a un hombre (2 Reyes 13:21), por lo que para Agustín y los Padres de la iglesia los milagros de este tipo no eran ajenos a Dios. Sin duda Dios aún podría hacerlos, y personalmente no descarto la posibilidad de que los haya hecho en el tiempo de Agustín y la iglesia antigua. Sin embargo, es claro hoy que progresivamente por medio de ello entró a la iglesia mucha superstición e idolatría, por lo que me parece que los Reformadores hicieron bien al eliminar la costumbre de venerar las reliquias de los mártires. Creo que pudo haber ocurrido lo mismo que con la serpiente de bronce, la cual erigió Moisés para la sanidad del pueblo (Números 21:4–9), y que luego tuvo que ser destruida por Ezequías porque los israelitas le rendían culto (2 Reyes 18:4).

Notas:

  1. Notas Complementarias (2) en Sermones (2) de san Agustín en Obras Completas de san Agustín X.
  2. La ciudad de Dios, XXII, 8, 1.
  3. Agustín cuenta diversos milagros que conoció personalmente en La ciudad de Dios, XXII, 8. Estos milagros le sirvieron de instrumento apologético frente a los paganos.

— Fin del Artículo, Pax.

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