Qué hacer cuando no es posible celebrar la eucaristía

En los últimos meses, a causa del distanciamiento social obligatorio, las iglesias, a nivel mundial, fueron cerradas por un tiempo prolongado, y en algunos países, como en el que vivo, aún continúan cerradas. Esto ha llevado a que las iglesias replanteen la forma en que se realizan las reuniones eclesiásticas y, como mejor opción, se ha optado por reuniones virtuales o grabaciones en directo. Estas nuevas formas virtuales permiten que las iglesias puedan mantener la predicación o el sermón. Sin embargo, hay una parte muy importante del culto cristiano que es imposible guardar virtualmente y es la celebración de la Cena o eucaristía. Muchos cristianos, con nostalgia, han expresado su necesidad de este sacramento y su deseo ferviente de poder retomar las reuniones eclesiásticas con el fin de volver a celebrarlo. Este artículo está dirigido a este tipo de cristianos, entre los que me incluyo, con el propósito de brindarles un consejo agustiniano en cuanto a qué hacer cuando no es posible celebrar la eucaristía.

Leyendo el epistolario de Agustín, descubrí una carta en la que aborda una situación similar a la que nos encontramos muchos en este momento, viéndonos impedidos a asistir a las reuniones eclesiásticas y participar de la eucaristía. En esta carta, escrita en el año 409, Agustín se dirige al obispo Victoriano, quien, bastante consternado, previamente había escrito una carta donde contaba los casos de muchos hermanos que, a lo largo del imperio, sufrían crueldades en medio de la invasión bárbara. De estos casos hay uno que llamó particularmente mi atención, y fue el de unas mujeres cristianas que habían sido secuestradas por los bárbaros. Agustín lamenta su situación, pero, enseguida, busca animar a Victoriano:

Gravísima es y muy de lamentarse la cautividad de las mujeres castas y santas; pero no está cautivo su Dios ni abandonará a sus cautivas, si las reconoce por suyas (carta 111, 7).

Una de las preocupaciones de Victoriano era que parecía que Dios había abandonado a estas mujeres al permitir que cayeran en manos de tan terribles criminales. Pero, como responde Agustín, Dios no está cautivo como ellas. Él no está preso en algún lugar desde donde no las pueda acompañar; más bien, Dios estaba junto a ellas en medio de su cautiverio. Como poco después dice Agustín, las Sagradas Escrituras nos enseñan que «los siervos de Dios no son abandonados por su Señor».

Agustín, entonces, anima a Victoriano a rogar por estas mujeres, a fin de que, en medio de su cautiverio, sepan cómo dirigirse a Dios en oración, así como el «santo Azarías» (Abed-nego) oró en su cautiverio en Babilonia:

Ruega, pues, a Dios, y ruega para que les enseñe a decir tales razones cuales dirigió a Dios en confesión y oración, entre otras cosas, el arriba citado y santo Azarías. Porque ellas están en la tierra de su cautividad, como estaban aquéllos en una tierra en la que ni podían sacrificar a Dios, según su costumbre. Tampoco pueden éstas ni presentar la oblación ante el altar de Dios ni encontrar un sacerdote para sacrificar a Dios por medio de él. Conceda el Señor que sepan decirle lo que dijo Azarías en sus preces (carta 111, 8).

Aquí hace referencia a la llamada oración de Azarías, que se encuentra en algunas versiones de la Biblia en el capítulo 3 del libro de Daniel. La parte de la oración que Agustín cita, y la que aquí nos interesa, es la siguiente:

No hay en este tiempo príncipe, ni profeta, ni caudillo, ni holocaustos, ni oblación, ni suplicaciones, ni lugar para el sacrificio en tu presencia y para hallar misericordia. Pero seamos aceptos a ti por nuestra alma contrita y espíritu humillado. Como en la muchedumbre de holocaustos de carneros y toros y en la muchedumbre de rebaños gruesos, así sea hoy nuestro sacrificio acepto en tu presencia, para que socorras a los que te presentan sus obsequios, porque no habrá confusión para los que en ti confían.

Este pasaje, aunque es considerado apócrifo por nosotros los protestantes, no por ello deja de ser útil. Lo que Agustín quiere abordar con este texto es una posible preocupación de Victoriano de que, al no poder aquellas mujeres asistir a la iglesia y participar del sacrificio espiritual de la eucaristía, sus almas corran un grave peligro. Pero, como fue en el caso de Azarías, a quien en cautiverio su oración le sirvió como sacrificio espiritual en lugar del sacrificio de los animales, así a aquellas mujeres, su oración, si era con «alma contrita y espíritu humillado», podía servirles como un sacrificio espiritual a Dios, beneficiándolas espiritualmente en lugar de la eucaristía:

Si ellas dicen esas plegarias y gimen ante Dios [como Azarías], las asistirá, sin duda, quien siempre acostumbró a asistir a los suyos (carta 111, 9).

Me parece que el consejo de Agustín para nosotros sería esto mismo. Si en este tiempo nos vemos impedidos a asistir a la iglesia y participar del sacramento eucarístico, entonces debemos hacer uso de la oración privada como una manera de continuar ofreciendo un sacrificio espiritual a Dios y de alimentarnos espiritualmente de Cristo. Por supuesto, no puede ser cualquier oración, sino una oración como la de Azarías, con «alma contrita y espíritu humillado». O como bien dice un libro canónico: «Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios» (Salmos 51:17, RVR1960).

Desde luego, la oración privada, en circunstancias normales, nunca debe reemplazar la participación del sacramento eucarístico, pero creo que ha quedado claro que esto solo aplica a situaciones excepcionales en las que, justa o injustamente, nos vemos impedidos de participar de este sacramento. En fin, lo que se dice junto con Agustín es que, durante este tiempo, debemos hacer de la oración privada un medio espiritual que supla temporalmente la necesidad de la eucaristía; así, quienes tienen hambre y sed, serán saciados por la oración sincera y ferviente a Dios.

— Fin del Artículo, Pax.

Otros artículos de Agustinismo Protestante

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Instituciones, Congresos y Recursos Agustinianos

Tenemos una amplia gama de recomendaciones sobre instituciones, congresos y recursos para la edificación de los santos que desean aprender más del pensamiento de Agustín.