¿A quiénes se debe ayudar?

En medio del aislamiento social hay quienes, teniendo el deseo de ayudar a otros que se vieron afectados económicamente por esta medida, se preguntan a quiénes deben ayudar; si a sus familiares, o a sus amigos, o a los hermanos de la iglesia o a extraños. Agustín, en su obra Sobre la doctrina cristiana (I, XXVIII, 29), aborda la pregunta de a quiénes se debe ayudar cuando no se puede ayudar a todos:

Todos deben ser amados igualmente, pero cuando no se puede socorrer a todos, ante todo se ha de mirar por el bien de aquellos que, conforme a las circunstancias de lugares y tiempos de cada cosa, se hallan más unidos a ti como por una especie de suerte (…) cuando no puedas favorecer a todos los hombres, se ha de considerar como suerte la mayor o menor conexión que tuviesen contigo.

El principio de Agustín aquí es que debemos ayudar a aquellos que están más cerca de nosotros. Este principio es el mismo que seguía el apóstol Pablo. En un lugar, por ejemplo, él dice: «Según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe» (Gálatas 6:10). Asimismo, en otro lugar afirma: «Si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo» (1 Timoteo 5:8). En ambos pasajes el apóstol muestra que debemos asistir con prioridad a nuestra familia espiritual y a nuestra familia carnal. Los creyentes, a los que estamos unidos por la fe y la caridad, deben tener prioridad sobre los incrédulos, y nuestros familiares, a los que estamos unidos por la carne y la sangre, deben tener prioridad sobre los extraños. Por supuesto, esto es un principio general cuya aplicación puede variar, como dice Agustín, según las circunstancias. En ciertas circunstancias una persona cercana también puede ser un amigo, un compañero de trabajo o un ‘roommate’. Incluso, en una circunstancia particular puede ser un extraño con el que nos topamos (Lucas 10:25-37).

Entonces, ¿a quién ayudar? Debemos ayudar a todos, pero especialmente a aquellos que son más cercanos, ya sea en un sentido espiritual, afectivo o físico. Para saber exactamente a quiénes, debemos evaluar nuestro entorno, que varía según las circunstancias, y priorizar a aquellos que se encuentran en él. En fin, tratemos de ayudar a todos, pero asegurémonos de ayudar a quienes están más cerca.

— Fin del Artículo, Pax.

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