Las raíces agustinianas de la Reforma (1): la superioridad de los autores canónicos

Muchos protestantes saben que Agustín fue influyente en la Reforma, pero, por lo general, limitan esta influencia a la doctrina de la gracia. Es por eso que en esta serie titulada Las raíces agustinianas de la Reforma, que ahora comienzo, quiero mostrar la amplia influencia de Agustín en la teología protestante; influencia que se vio incluso en un principio fundamental como la sola Scriptura.

Ulrico Zuinglio (1484–1531), reformador suizo y padre de la tradición reformada, en su respuesta de 1522 al obispo Hugo de Constanza1, acusa a este «reverendísimo señor» de parecer tener una confianza excesiva en los concilios y autores eclesiásticos como si todos estos fuesen iguales a las enseñanzas de los apóstoles y las Escrituras. Para Zuinglio, el problema no es que hayan concilios y autores eclesiásticos, sino que estos sean igualados o puestos por encima de los autores canónicos o inspirados.

En el caso de los autores eclesiásticos, Zuinglio señala una opinión existente en su tiempo, la cual sostenía que «el Espíritu de Dios es siempre el mismo y puede inspirar algún Tomás hoy así como lo hacía al principio con Pablo y Pedro»2. En la opinión de Zuinglio, esto es igualar los autores eclesiásticos con los canónicos, o peor, poner a los primeros por encima de los segundos. Pero, irónicamente, Zuinglio recurre a un autor eclesiástico para probar al entonces obispo de Constanza que los autores canónicos están muy por encima de los eclesiásticos:

Con respecto a aquellos que nos son recomendados tanto por sus vidas como por su enseñanza, lea sus propios cánones sagrados (di. 9. c. “I-”). Allí encontrará que, en la opinión de Agustín, se debe poner confianza resoluta solo en aquellos que son los autores de esas Escrituras que son llamadas Canónicas (y estas son las que están contenidas en la Biblia); a otros escritores hay que leerlos con el sentimiento de que, independientemente de cuán ilustres y santos sean, lo que ellos escriben no es verdad porque ellos en su santidad y erudición lo creyeron, sino porque por el poder de las Escrituras Canónicas pudieron convencer de la verdad a sus oyentes…3

La referencia que Zuinglio hace de Agustín es de la Carta 82 a Jerónimo. Fíjese que Zuinglio parece seguir casi al pie de la letra lo que Agustín dice allí. En primer lugar, en cuanto a los autores canónicos, Agustín comenta:

Confieso a tu caridad que sólo a aquellos libros de las Escrituras que se llaman canónicos he aprendido a ofrendar esa reverencia y acatamiento, hasta el punto de creer con absoluta certidumbre que ninguno de sus autores se equivocó al escribir4.

En segundo lugar, en cuanto a los autores eclesiásticos (como lo era el mismo Jerónimo al que escribía), afirma Agustín:

Mas, cuando leo a los demás autores, aunque se destaquen por la mayor santidad y sabiduría, no admito que su opinión sea verdadera porque ellos la exponen, sino porque lograron convencerme, recurriendo a los autores canónicos o a una razón probable que sea compatible con la verdad. No creo, hermano, que tú opines otra cosa; no creo, digo, que tú [Jerónimo] quieras que se lean tus libros como los de los profetas y apóstoles, libres de todo error y acerca de los cuales sería abominable dudar.

Es claro de aquí que los autores canónicos son superiores a los eclesiásticos, ya que solo los primeros están libres de error, lo cual, a su vez, se debe a que solo los canónicos fueron inspirados por el Espíritu. Como se ha visto del testimonio de Zuinglio, esta idea agustiniana ya estaba presente en el mismo inicio de la Reforma y, sin duda, fue muy influyente para el desarrollo de un principio fundamental conocido como la sola Scriptura. Sin embargo, la sola Scriptura no significa que los autores eclesiásticos son irrelevantes. Sin duda los autores eclesiásticos han sido y son claves para el desarrollo de la teología y la compresión de la Sagrada Escritura. Pero sí significa que los autores canónicos son superiores a ellos; por lo tanto, todo lo que los eclesiásticos han dicho debe ser examinado a la luz de los canónicos, y debemos apartarnos de los eclesiásticos en lo que con claridad se opongan a los canónicos.

Notas:

  1. La respuesta de Zuinglio (22–3 de agosto de 1522) se encuentra en un tratado apologético donde objeta varias de las acusaciones hechas por el obispo Hugo de Constanza ante la Sala Capitular del Gran Minster el 24 de mayo de 1522 contra el naciente movimiento de reforma.
  2. Este ‘Tomás’ parece ser Tomás de Aquino, ya que en otros lugares Zuinglio lo menciona junto con un ‘Escoto’ como «discípulos de Aristóteles»
  3. Estoy siguiendo la edición de Zuinglio en inglés de Samuel Macauley Jackson. Véase The Latin Works and the Correspondence of Huldreich Zwingli, vol. 1. La traducción es mía.
  4. San Agustín, Carta 82 (BAC)

— Fin del Artículo, Pax.

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